Little Boy: Un viaje a través de la amistad entre un niño californiano y un emigrante japonés, el señor Hashimoto, integrado en Estados Unidos desde hace muchos años, pero a quien tienen en el pueblo como el enemigo que se ha metido en casa al declararse la guerra entre Estados Unidos y Japón. Se trata de la película “Little boy” que narra una amistad  muy trabajada, llena de valentía, humor, y de superación de recelos inducidos hacia el diferente. La historia cuenta cómo Pepper Busbee, de ocho años, que por su corta estatura recibe el apodo de “Little boy”, tiene la fe necesaria para traer a su padre de vuelta a casa –en su  pequeño pueblo de California-  desde la guerra en Japón que le impedirá ver crecer a su hijo pequeño y débil. Me gusta la repetida escena en la que el niño se coloca durante muchos días en la orilla del mar y extendiendo sus pequeños brazos, hace todo un esfuerzo mental  -con gritos incluidos- para acercar las orillas del otro lado –a miles de kilométros de distancia-  y traer así a su padre.

Me dio la oportunidad de reflexionar de nuevo sobre esos temas tan queridos para mí: migraciones, menores, interculturalidad… Y recordé una anécdota ya reflejada en otras ocasiones. Esta: un alumno de un colegio con un alto porcentaje de emigrantes dice muy orgulloso esta frase: «Dios ha creado el arco iris, me imagino que le gusta». La ha elegido como una especie de divisa para su vida. Al preguntarle qué quiere decir con eso, él lo explica así: «En clase, hay compañeros de todos los colores de piel: asiáticos, árabes, africanos, malgaches… Hay alumnos a quienes parece no gustarles eso, entonces yo les digo: “Dios ha creado el arco iris, me imagino que le gusta”. E insiste: “Los hay budistas, musulmanes o cristianos, y otros que no son de nada. En lugar de encontrar eso molesto, dice “¡Dios ha creado el arco iris!”».

¡Pues sí, ese joven tiene mucha razón! Para comprender a los demás, ¿por qué no empezar por alegrarnos de nuestras diferencias? Nosotros mismos, ¿sabemos de qué color somos? ¿Somos felices con el color que tenemos? A mí sí me gusta mi color y mi fe. Pero eso no quita que admire en el musulmán su sentido agudo de la trascendencia de Dios. Encuentro que el hinduismo y el budismo dan un gran valor a la dimensión espiritual del hombre. Las antiguas religiones de Africa y de América me han enseñado a respetar la naturaleza y sus componentes nutricios y a no comportarme como señor sin límite del universo  etc.

El libro “Identidades Asesinas” de Amin Malouff, entre otras muchas cosas, destaca por su definición de la identidad -como algo único, individual e intransferible- y por su distinción entre la identidad de una persona (una) y sus pertenencias (muchas). Esto es, yo tengo una sola identidad, que es la que me hace un ser único, pero esa identidad está formada por la mezcla de todas mis pertenencias, es decir, yo pertenezco a un grupo socioeconómico determinado, a un grupo cultural, a una comunidad religiosa, etc.

Pero ¡qué difícil se está poniendo en todo el mundo, educar en estos valores! A la escuela le ha sustituido la frontera, la tienda de los refugiados, incluso el calabozo, para los menores migrantes. Por poner solo algunos de los  escenarios actuales – de los muchos posibles- que ahora retomo a partir de noticias recientes. Y que para nuestra desgraciada humanidad están impidiendo que el arco iris luzca en todo su esplendor.

Por ejemplo, aquellos cuya escuela es el camino desértico y la soledad causada por la orfandad real o la utilizada, hasta la frontera. Como la de esos menores que llegan a las fronteras de Ceuta y Melila acompañados por personas ajenas a su familia e incluso solos. Niños que  llevan kilómetros de sufrimiento a sus espaldas, y que  se exponen además a abusos y a redes de trata al ser depositados en manos de pasadores o traficantes fronterizos debido a las dificultades de las familias para acceder a la solicitud de asilo.

También en las fronteras entre Estados Unidos y Méjico. De los 15.000 jóvenes mexicanos detenidos al año en la frontera , cerca de un 60% emigran solos huyendo de la violencia. Sin embargo, de acuerdo con un informe de ACNUR, sólo un 5% de esos jóvenes tienen la oportunidad de defenderse ante un juez de migración estadounidense, para determinar si tienen derecho a protección para  evitar así la deportación a los lugares de los que huyeron.

Y por último, los  calabozos  –incluso con otros adultos- como alojamientos en su ruta migratoria. Como lo que le sucedió a Albdel de quince años y a otros menores en la isla de Kos (Grecia) por viajar solos y sin familia por esas rutas griegas por las que se cree que más de 10.000 menores no acompañados como ellos han cruzado a nuestro continente.

Como reflejo  del sufrimiento de los menores migrantes termino con un último ejemplo. No conocemos su nombre ni su edad. Quizás eso importe muy poco  en el caso del chico marroquí que a finales de mayo se mató al caer por un acantilado en Melilla desde donde los menores migrantes en situación irregular se sitúan  para llegar al puerto.Y desde allí introducirse como polizones en los barcos desde los que llegar a España. Primero se dijo que era menor, pero luego las autoridades aseguraron que tenía más de 18 años. Me da lo mismo. El caso es que está en la frontera: frontera geográfica y frontera por la edad. uno más de los que  intentan viajar a la Península antes de cumplir la mayoría de edad porque temen ser expulsados. José Palazón, un gran tipo, activista y fundador de la ONG Prodeyn de ayuda a menores migrantes, en su cuenta de facebook ,al día siguiente de conocerse la muerte del joven, nos narró que un grupo de niños realizaron una concentración en Melilla con dos pancartas:  “No te olvidamos”, rezaba una. “Libertad”, decía la otra. Sin comentarios.

En las fronteras del Norte de Africa, en la frontera mejicana, en la de la europea Grecia , hay muchos “Little boy”. Pequeños-grandes hombres, que como el protagonista de la película se enfrentan a su destino, mirando al mar (que quizás tendrán que cruzar trágicamente), intentando acercar con la fuerza de la imaginación infantil, tan cercana a la fe que mueve montañas, las orillas de los países separados por los mares y las fronteras. Con un sueño a perseguir: Que el mundo – desde oriente a occidente – exprese el armónico arco iris que a Dios le gusta tanto que lo estableció nada menos que como señal de alianza entre el cielo y la tierra. Sin fronteras. En ese arco iris se ven las dos palabras de la pancarta citada : “No te olvidamos” y “Libertad”.

Os dejo este impactante vídeo: “Niños contra un mar adulto” que refleja parte de lo comentado