500 Años de la Reforma: Felipe Melanchthon

Por María del Pilar Pena Búa – Universidad Loyola Andalucía

La Reforma fue un movimiento complejo y plural

En este año a punto de finalizar, una de las efemérides más destacada ha sido la celebración de los quinientos años de la Reforma. Según la tradición, el 31 de octubre de 1517 Lutero clavó sus 95 tesis contra las indulgencias en la puerta de la iglesia-palacio de Wittenberg y, a partir de ese momento, comenzó la Reforma. Esta visión legendaria, que no corroboran los hechos históricos, es una de las muchas que adornan el origen y desarrollo del protestantismo. Un acontecimiento que modificó la faz de Europa y de la Iglesia hasta nuestros días no puede ser obra de un solo hombre, Lutero, ni surgir de repente sin antecedentes y causas. Resulta llamativo que la celebración se haya centrado exclusivamente en Martín Lutero (Jahr von Luther) cuando lo que se conmemora son los quinientos años de la Reforma, no el año natalicio de un reformador.

Pero la Reforma fue un movimiento complejo y plural ya desde su origen, que no puede ser entendido ni evaluado únicamente a partir de Lutero; de hecho el cúmulo de personajes e ideas heterogéneas que están en su base fueron omitidas en un primer momento en la investigación del luteranismo en Alemania, durante los siglos XIX y XX, pero con los años transcurridos y las investigaciones realizadas la omisión muestra, como mínimo, negligencia, cuando no un intento por seguir mitificando a un súper-hombre.

Felipe Melanchthon, Humanismo y Reforma

Un personaje maltratado por la investigación hasta hace poco tiempo ha sido Felipe Melanchthon (1497-1560). Su pensamiento, sobre todo el teológico, ha sido silenciado porque se temía que la pluralidad de juicios pudiera dañar el núcleo dogmático de la Reforma. El malentendido proviene de que el acercamiento a Melanchthon presupone siempre el ideal de unidad de la Reforma antes de que la investigación compruebe el hecho históricamente, y ese ideal se refleja en la persona de Lutero a la que se amolda la imagen de Melanchthon. A finales del siglo XX se comienza a aceptar que la variedad de ideas que están en el origen del movimiento reformador no afecta a su unidad, porque ya no se utiliza a Lutero o los escritos confesionales como medida, sino que se juzga la comprensión que se realiza de la palabra teológica de la Reforma. Existe, por tanto, unidad en la diversidad; sólo las diferencias filosóficas permiten entender las diferencias teológicas de los reformadores: entre Lutero y Melanchthon hay unidad en la estimación de los principios reformadores (sola Scriptura, sola fidei, sola gratia, etc.), y con la limitación o preferencia filosófica aparecen las diferencias en la apropiación de los testimonios bíblicos.

Melanchthon llegó a Wittenberg como humanista, pero su humanismo no permaneció inmune:  se produjo una teologización del mismo y también una humanización de Ia Reforma, ello condujo a que su lenguaje, los conceptos, las expresiones (ley natural, noticias naturales, historia universal…) sonaran familiares en el ámbito católico y entre los evangélicos, comparadas con el discurso de Lutero, ajenas y próximas a Roma. En ambos bandos se sospechaba que era poco luterano. La prueba del algodón es el uso de la razón: ¿Puede el hombre por medio de la razón saber algo acerca de Dios? Melanchthon afirma, a diferencia de Lutero, que Dios ha dado al hombre en Ia creación notitiae naturales como condición para un conocimiento y, por tanto, también para el conocimiento de Dios. El conocimiento natural de Dios conduce hasta el Dios Creador, que ha creado un orden exterior que, a su vez, exige compromiso, obediencia y veneración hacia Él.

Sin embargo,  la pregunta qualis sit Deus tiene respuesta únicamente en la Revelación. La deducción a partir de la creación y de su orden visible de un Creador y Ordenador, introduce en la reflexión melanchthoniana una teología racional que sustenta las pruebas de la existencia de Dios; pero es la seguridad que aporta la fe en la Revelación la base para la seguridad del conocimiento racional: el conocimiento de Dios por la razón es en sí una obra de la creación divina. Por consiguiente, la medida de toda prueba de Dios es la palabra de Dios, la revelación. De otra forma: conocimiento de Dios y fe son idénticos; existe identidad entre conocimiento de Dios, fe y justificación. Por consiguiente, el hombre por medio de la razón no alcanza a saber nada de Dios: “conocer a Dios es conocer a Cristo y sus beneficios”.

Felipe Melanchthon, padre de la Reforma junto a Lutero

Melanchthon es junto con Lutero padre de la Reforma protestante, junto con Lutero el creador del luteranismo. Tuvo un papel relevante en el triunfo de las tesis luteranas: sus conocimientos en historia procuraron a Lutero una ayuda inestimable en la Disputa de Leipzig (1519), cuya repercusión para la ruptura con Roma fue más determinante que las 95 tesis. Las fuentes muestran lo agradecido que estaba Lutero por su trabajo: “La opinión y la autoridad de este hombre [Melanchthon] significan más para mí que muchos miles de miserables Ecks [su contrincante en el debate]”.

Melanchthon es el autor de los Loci communes de 1521, considerados como la primera dogmática protestante; superó a Lutero como redactor de las confesiones luteranas (Confesión de Augsburgo de 1530, símbolo de la fe luterana; la Apología de la Confesión de Augsburgo de 1531); fue quien convenció a Lutero, como buen humanista, para traducir la Biblia al alemán y quien corrigió y revisó sus textos para la imprenta; también llevó a cabo la reorganización académica, una de las claves para el éxito de la Reforma, de ahí su patronazgo hoy sobre las universidades del norte de Europa, es el Praeceptor Germaniae y, entre otras aportaciones, contribuyó al asentamiento institucional de la Iglesia luterana mediante sus visitaciones e instrucciones.

Apelamos, por último, a la experiencia de la conciencia histórica: Lutero murió catorce años antes que Melanchthon, pero sus sepulturas se hayan juntas bajo el púlpito de la iglesia-palacio de Wittenberg. No todas las personalidades que participaron en el movimiento reformador, incluso con papeles destacados, han sido tratadas de la misma manera; ambos hombres dejaron el recuerdo de haber sido los grandes líderes de la Reforma. Sus retratos eran colocados juntos en los púlpitos de las iglesias y en los hogares en aquellas zonas donde la tradición de la Reforma era fuerte…

Quizá los próximos aniversarios sobre los distintos hitos de la Reforma logren subsanar las deficiencias y profundizar en las diversas ideas y personajes del movimiento reformador.

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