De forma general se puede decir que un “troll” es alguien que en la red busca incomodar y destruir. De algún modo es comparable con una forma de “mal espíritu” que actúa en la red, que con sus comentarios y opiniones hace irrelevante algo o lo tuerce y confunde. Ya que estamos celebrando el aniversario de Santa Teresa, nos sirve para descubrir la existencia de una “determinación digital”, que es precisamente aquello que el troll desea quebrar por todos los medios a su alcance, que son principalmente los mismos que en la vida real: debilitar a la persona, herir su corazón, confundir su inteligencia, mermar su voluntad de seguir adelante, ocultar su rostro y compromiso… Y nada de eso se consigue totalmente sin nuestro “consentimiento”.

1. Lo primero, por tanto, es saber identificarlos. Y de este modo distinguirlos de aquellos que buscan una conversación real, con interés aunque sin pensar como nosotros. No todo el que discrepa es un “troll”. El “mal espíritu” incomoda cuando vamos “por el buen camino”, cuando salimos de nosotros mismos y comienza a ser significativa nuestra acción y presencia; a la inversa que el “buen espíritu” que nos pincha interiormente en nuestra comodidad y conformismo mediocre. De esta manera aprendemos que también los que aplauden y siempre secundan, los que alaban y engrandecen pueden conseguir también despistarnos de lo fundamental y principal en todos los sentidos, como busca hacer el “troll”. ¿Se puede trolear a alguien dándole coba? ¿La única forma de trolear es la del insulto y el desprecio? ¿O “trolear” es despistar, por cualquier medio?

2. De lo anterior se deriva que encontrarnos con “trolls” no es malo, de por sí. Un “troll” busca despistarnos de “lo fundamental” y oscurecer lo que estamos haciendo para reducirlo a cenizas. Quiere que le demos pábulo, que piquemos, que entremos al trapo de sus intervenciones. Por eso, la regla principal será siempre eludir, sin prestar la atención que demanda, siguiendo nuestro camino primero y nuestras opciones: seguir remarcando lo mismo, sin hacer oposición ni mención a nadie. Que un “troll” dé con nosotros puede leerse como un buen indicador de nuestro posicionamiento en la red. Hemos conseguido, de algún modo, vencer los grupos cerrados que tienden a crearse y comenzamos a ser significativos fuera de nuestros iguales. Ha comenzado la misión.

3. Esto sirve para recordar que hay que comprender adecuadamente qué es la consolación y qué la desolación, sin equiparar torpemente lo primero con “estar bien” y lo segundo con “estar mal”. En uno y otro caso, el amigo y el enemigo se comportan de forma inversa. Y en el caso de los “trolls”, que hieren en lo personal y buscan hacer mucho daño, identifican rápidamente nuestros puntos fuertes y débiles: en consolación, nos vuelven acomodados; en desolación, nos estorban y quieren hacer inseguros. ¿Los “trolls” nos sirven para conocernos más y mejor a nosotros mismos? Probablemente, y siendo así, les tenemos que dar las gracias. Un corazón agradecido es un corazón fuerte. Aunque el “troll” quiera llevarme a su terreno y desviarme, alejarme de lo principal, sirve de memoria inversa de lo que nunca se debe olvidar. Hay que agradecer al “troll” que nos indique que no debemos cambiar, que toca permanecer y continuar dejando para otro momento la toma de decisiones.

4. Un “troll” altera solo a quien se deja alterar. No tiene fuerza por sí mismo. Solamente crea confusión, busca el desaliento. Y todos estos sentimientos y emociones nos descubren que somos personas también en la red, y que es clave dialogar lo que vivimos, también aquí, con sinceridad y total apertura, sin sentirnos solos, sin divisiones internas, sin ocultarnos. Miedos, secretos y necesidades personales son aprovechadas como fuerzas que, descuidadas y olvidadas, juegan en nuestra contra. Sin embargo, afrontados con autenticidad y libertad nos hacen caminar con mayor seguridad y compromiso. Es bueno tomarse esto de los “trolls” sólo como una pequeña prueba, sin mayor importancia y relevancia, que ni nos debe restar fuerzas ni quitar paz en el corazón, pero hablar de ello cuando y con quien puede iluminarnos.

5. Siempre me pareció luminosa la indicación “tanto cuanto“. Estar, vivir, hacer, servirse, utilizar todo “tanto cuanto” sirva para amar más y mejor, para agradecer y alabar. En definitiva, descubrir que la inmensa mayoría de la red no son “trolls” y que ni nos debe realmente preocupar. Es más, que cada “troll” es una persona que también se comunica, que busca esa relación. El insulto, la agresión, la opinión encontrada, la maldad revelan algo de la persona y del mundo en el que vivimos. De algún modo, por extraño que parezca, la palabra “troll” no deja de ser una etiqueta que no convendría utilizar indiscriminadamente. Tenemos palabras mucho mejores, mucho más acertadas para hablar de estas personas heridas. Aquí es donde creo que hay que aprender a usar “tanto cuanto” con verdadera inteligencia. Y aquí me quedo de momento.

Para terminar, como es mi costumbre, alguna que otra pregunta cómoda e incómoda: ¿Has sido alguna vez “troll” para otro, para alguien, para tu hermano? ¿Qué beneficio creen obtener estas personas, que no cosas, de su actitud en la red? ¿Crea inseguridad encontrarse en situaciones de estas? ¿Por qué nos dejamos llevar con tanta facilidad por lo que no alimenta, ni nutre, ni da fuerza? ¿Dónde está puesto nuestro corazón en todo esto? ¿Despistados o centrados, egoístas o sirviendo a un mundo mejor, encerrados o solidarios, interesados o comprometidos? Aquellos a los que llamamos “trolls” estoy convencido de que no sabrían responder bien a estas preguntas. ¿Y tú?