En el Instituto Elcano: Venezuela, salidas para una crisis

María Alexandra Vásquez

Abogado

El pasado 16 de mayo asistimos en Madrid al evento Venezuela: salidas para una crisis, organizado por el Real Instituto Elcano.

Compartimos el análisis de Manuel Hidalgo, de la Universidad Carlos III; Orlando Ochoa, de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas; y Miguel Ángel Santos, investigador del Centro para el Desarrollo Internacional, Universidad de Harvard. Moderado por Carlos Malamud, investigador principal de América Latina, Real Instituto Elcano. El análisis se dividió en tres rondas de intervenciones:

  • ¿Cómo se llegó hasta aquí?
  • ¿Podremos salir de donde estamos?
  • Si la respuesta es positiva, ¿cómo podemos salir?

Vamos a resumir las ideas presentadas en cada uno de los puntos:

¿Cómo se llegó hasta aquí?

Se trata de una élite poco capaz de vislumbrar un proyecto, muy ineficiente en la gestión, con elevada politización, y corrupta. Chávez deja una herencia de deuda muy grave e impone el voto por Maduro, proporcionando el apoyo de los militares.

La ruina económica de Venezuela es sencilla de entender: se vive desde el 2004 al 2014 una bonanza petrolera, y el gobierno se lanza en un boom de consumo, basado en importaciones que se pagan con el ingreso petrolero. Se importa por medio de la red de militares que participan en el negocio de gasolina y en el contrabando de comida, y de esa forma se mantiene a esta élite militar.

¿Podremos salir de donde estamos?

Es posible que ocurra una negociación con sectores moderados del chavismo, que permita pasar en la Asamblea Nacional de los 2/3 necesarios para introducir cambios mayores. O que dentro del chavismo el sector moderado consiga producir un cambio de Presidente. O que el chavismo negocie internamente para mantenerse por la actual senda de radicalización, con acuerdos entre ellos internamente, y consigan mantenerse usando la Asamblea Constituyente. No hay que olvidar que el chavismo tiene todavía apoyos, alrededor de un 30% del electorado.

Respecto al colapso económico, puede esperarse que culmine en un periodo de un año o menos, por la imposibilidad de asumir los compromisos de pago de la deuda externa. Sí no hay acceso a un nuevo financiamiento, solo queda reducir las reservas de oro, lo que queda en las bóvedas del Banco Central, reducir las importaciones de alimentos y medicamentos, aún mas, y/o entrar en default, que requiera buscar una reestructuración forzada.

La gran interrogante son las fuerzas armadas. Permanecen los grandes riesgos para determinados grupos, que determinarán las negociaciones.

Venezuela sí puede recuperarse económicamente, y producir un gran rebote usando el ‘sentido común’. Desde la situación actual, es preciso implementar políticas liberalizadoras, como Bolivia, Ecuador o Nicaragua, países que jamás se lanzaron a imprimir dinero de forma ilimitada, ni han usado masivamente la expropiación.

El año pasado en una investigación sobre la alimentación del venezolano se constató que la población había perdido 8,5 kilos de peso no deseados, en promedio. En el 2018 debe pagarse el préstamo de China, terminan los dos años de gracia, y la cúpula chavista tiene parte de su fortuna en bonos venezolanos, por lo que se le presenta un conflicto de intereses. No hay forma de reestructurar la deuda cuando el volumen de producción y el precio del petróleo han caído, en los tres años de gracia que le dio China, y no se ha hecho nada para mejorar la capacidad de pago.

La clave de la salida es política: cualquier reforma requiere una pérdida de control del Maduro, levantamiento del control de cambio y del subsidio de la gasolina. Todas las decisiones pasan por quitarle poder a las facciones que permiten que Maduro se mantenga.

Hoy día la protesta es diferente a hace tres años: los venezolanos que están en la calle tienen la certeza que si vuelven a su casa, el gobierno les va a pasar una aplanadora al estilo cubano.

¿Cómo podemos salir?

Es precisa cierta negociación, que puede pasar por terminar el periodo de Maduro, con él o con otro. La negociación debe llevar a una necesaria transición para hacer cambios económicos urgentes. Además hay que hablar de lo que vendrá en términos de castigo o amnistía mutua: a la cúpula chavista y a los presos políticos.

Se puede partir desde la histórica y natural ventaja de Venezuela: el sector petrolero, el más fácil de reactivar a través de la reapertura de pozos cerrados (18 pozos) y la perforación de nuevos pozos. Con ello se recuperaría el flujo de divisas, la macroeconomía volvería a funcionar, y a su vez el sector privado se pondría de nuevo en marcha. De esta forma se podría refinanciar la deuda externa, y reestructurar con China el pago del préstamo. Una reorganización de la oferta petrolera, permitiría una salida en 5 años. Sobre ello, es posible poder contar con un consenso desde el chavismo, porque el petróleo es un punto de honor, y como país petrolero Venezuela debe usar sus recursos ante de acudir a instancias multilaterales de financiación.

También es posible tomar el camino de la liberación de precios, la privatización de empresas del Estado, proceder a restaurar los bienes expropiados al sector privado, eliminar el control de cambio.

El único crédito que no ha agotado Venezuela, es el del Fondo Monetario Internacional, que se ofrece a una tasa muy inferior a la del crédito chino. Es posible ponerlo en marcha porque la gente entiende que las nacionalizaciones y la expropiación han sido una ruina.

Lo que se pregunta la gente es ‘¿qué rol juego yo?’. Se echa en falta la construcción de una narrativa para los cambios de futuro. El puente con las personas para garantizar su supervivencia vendría desde el subsidio a familias, abandonando el subsidio a las cosas. Si se deja que los precios cobren un nivel de mercado, mucha gente no podrá pagarlo, porque la pobreza se ha extendido enormemente en los últimos años. Entonces seguramente será necesario financiar a muchas personas para que puedan comprar, hasta que sus ingresos se pongan también a la par del mercado.

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