Llevo años haciendo presentaciones con Powerpoint para mis clases. Miro las primeras y me horrorizo. Veo las que hago ahora y seguiría cambiando cosas. Lo que destaco, y comparto en este post, es la reflexión de años sobre esta práctica. Y de la que sigo aprendiendo, recogiendo impresiones de mis alumnos y de sus familias, de mis compañeros y amigos. ¿Cómo pueden hacerse de otro modo, de forma más educativa y didáctica?

Casi todas mis clases (o talleres) están en Powerpoint, y eso me facilita el que he generado un gran “depósito”, no de recursos, sino de sesiones propiamente dichas. Sé que todas las he pensado y las he evaluado, y eso no es cualquier cosa. Unas veces las reviso en su totalidad, otras simplemente las mejoro, otras me toca empezar de nuevo porque cambian el currículo.

1.    No son el centro del aula, ni de la sesión. Lo más importante son mis alumnos y las presentaciones son un recurso más a su disposición. Tener esto claro evita excesos.

2.    Principio de belleza. Empecé a utilizarlas porque llamaban la atención y me di cuenta de que facilita mucho que sean presentaciones equilibradas, no cargadas, y con imágenes atractivas que vengan a cuento. El tipo de letra, el tamaño, la distribución dentro de la diapositiva, todo suma o resta. Por lo general, reservo la parte superior de la pantalla para escribir en dos líneas lo principal y la parte inferior la distribuyo en dos verticales, siendo normalmente la de la derecha la del contenido y la de la izquierda una imagen que centre. El color también es fundamental, pero en gran medida depende de la luz que haya en el aula. Mi experiencia me ha llevado a elegir un color de fondo pastel, que no destaque mucho, y reservar otros colores para lo que quiero resaltar. Sin excesos, insisto. Por otra parte, el contenido lo presento en cajas de texto con fondo blanco.

3.    Principio de motivación. Las presentaciones deben ser motivadoras, incluir vídeos que presenten o refuercen algo, que sirvan para seguir adelante y vayan unidos a todo. Mis primeras diapositivas son las que más tiempo me llevan, precisamente porque son las que deben conectar y despertar el interés de los alumnos, sus ganas de seguir adelante. Unas veces lo hago a través de una pregunta, o de varias imágenes que comentamos, o de sencillas preguntas con varias opciones. Lo importante es pensar en los chavales y lo que ellos necesitan. Para mí es fundamental que además genere interacción con los compañeros, de modo que unos y otros “se piquen” por alcanzar la buena respuesta o debatan sus opiniones. Un capítulo aparte, en esto de la motivación, debería ser el humor y la implicación en la vida del alumno.

4.    Organizan los momentos de la clase. Cuando preparo las presentaciones, que no son pocas horas a la semana, lo primero que tengo en mente son las partes de una buena clase. Lo normal será entonces motivar, estudiar, practicar y conectar con su vida. Esta es la estructura general de todas mis horas de clase. Unas veces reservo más para la primera, porque estamos empezando, otras a la mitad o al final. La clave está en incorporar voluntaria y decididamente todas, y que no sea todo contenidos y más contenidos sin mesura. Es aquí donde la mayor parte de docentes, a mi modo de ver, caen en el error, porque hacen de la presentación algo meramente expositivo y poco dinámico. Una buena forma de dar paso a las distintas partes de la clase es dedicar una diapositiva a decir que seguimos adelante. Por lo general, en cualquier caso, los alumnos suelen coger el ritmo. Pero vuelvo a subrayar que lo fundamental es no hacer durante todo el tiempo siempre lo mismo. Las presentaciones obligan a cambiar, a seguir adelante. El ritmo debe ser ese, que una parte se conecte y reclame la siguiente.

5.    Organizan el contenido. Respecto al contenido de la clase, pienso en el tiempo que puede llevar explicarlo. Voy poco a poco. Primero les señalo a los alumnos en qué parte del libro estamos incorporando una foto de la página y destacando el lugar. Y luego paso al estudio propiamente. Aquí, liberados ya de la guía del libro, la presentación permite otro tipo de explicación que atienda más a lo central, y haga notar dónde están los argumentos o los ejemplos, o darles una estructura diversa que a ellos les facilite su comprensión. Me parece crucial dedicar esfuerzo a esta parte claramente y tener sentido pedagógico. Estas presentaciones permiten todas ellas dar entrada a nuevos lenguajes y formas, y decir una misma cosa de mil maneras. Una buena imagen explicada poco a poco, un buen cuadro en el que voy ampliando en cada diapositiva una parte para hablar de algo, una línea de tiempo que vaya avanzando sucesivamente, los ingredientes de una buena comida o las partes de un experimento. Y todo presentado poco a poco hasta completarlo. Subrayo de nuevo que las presentaciones sirven para ir “poco a poco” y los alumnos lo agradecen.

6.    Posibilidad de ampliación. Las presentaciones permite que un tema se desarrolle más abundantemente de múltiples maneras. Con vídeos, con imágenes, con caras y nombres, con ejemplos, con audios, con árboles, con organigramas, con estadísticas… Algunas veces esta tarea no tiene por qué se para todos la misma, sino que presento lo que se puede hacer y cada cual se dedica a lo suyo, y luego lo comunicamos al resto. En este ejemplo último la presentación sirve de guía de la clase, de orientación, de pedagogía en su sentido antiguo. Pueden, por seguir con el ejemplo, escoger un personaje de una lista y luego empezar a responder algunas preguntas que les hago sobre el mismo consultado su libro o internet. La primera diapositiva de la actividad es para seleccionar, el resto de ellas les pide atención pero no es el centro.

7.    El refuerzo del contenido. No dejo parte sin ejercitar después de lo que tenemos que estudiar, del modo que sea. Los ejercicios también los pongo en la pizarra, las preguntas, las búsquedas. Y normalmente los alumnos se van haciendo a un modo de estudio que implica el repaso. Eso hace que estén atentos a la primera parte porque saben que, dos o tres diapositivas después, vendrá una pregunta ágil que para la que necesitan haber estado atentos. Imagino, por ejemplo, una clase de biología sobre el cuerpo humano. Si yo explicase eso, que no es mi caso, y tocara hablar de los músculos del brazo, inmediatamente después pondría un brazo y pediría a los alumnos que dijesen como se llaman, o las letras de esos músculos descolocadas para que las recordasen, o les preguntaría para qué sirve cada músculo, o que buscasen el músculo que no pertenece a la lista, o lo mezclaría con otras partes que ya saben para relacionarlo con más amplitud… Ejemplos mil, pero reforzando una y otra vez con pequeñas tareas. Algunas de ellas, cómo no, de cuaderno y con un tiempo limitado para hacerlas.     

8.    Organizar tareas. No todas las actividades son iguales. Unas requieren grupos de dos, de tres, de cuatro, o que la clase se divida en dos. A través de la presentación conduzco la actividad y evita que yo esté totalmente pendiente de lo que hay que hacer para cubrir otras necesidades, como atender a un alumno o a un grupo. Como alguno bueno, decir que utilizo el temporalizador, y ellos saben que cada diapositiva dura un minuto o lo que sea, y luego viene otra que deben seguir. De algún modo puedo decir que quedo liberado para otras necesidades, una vez que mis alumnos comprenden bien cómo va el asunto. Si se trata de una tarea con varias partes, evidentemente cada parte está numerada para no llevar a confusión.  En esta parte estoy tentando, no pocas veces, de grabarme a mí mismo dando las indicaciones. Pero todavía no lo he hecho.

9.    Está todo lo que hacemos en la sesión. Salvo las excepciones de cada clase, por supuesto, para no convertirlo en algo rígido. Pero me refiero a que si pienso que a esta parte le vendría bien esto o aquello, esta o aquella pregunta, éste o aquel ejercicio, lo pongo. Y veo si está equilibrado o no en el conjunto y qué tiempo necesito para hacerlas.

10. El punto y final. Cada cual que haga lo que quiera. Pero el final de mis clases lo dedico a olvidarme de las presentaciones, de las tareas y demás, y charlar con los alumnos. Algo así como relacionar lo aprendido con algo de la propia vida, que es donde mis alumnos irá una vez que suene el timbre, o unas horas después. Por lo general, prefiero los retos en este momento o dialogar con ellos sobre lo aprendido hoy. Me ayuda a hacer balance y ver dónde están.

11. Recomendaciones finales. Recojo aquí cosas que no he dicho a lo largo del post o que quiero repetir porque son fundamentales. (a) Aprende de lo que haces. Cuida la estética y hazlas llamativas. Aprende de las que les llaman la atención y les motivan más. Toma nota de lo que sucede en la clase. Pide opinión a los alumnos para que mejoren su funcionamiento. (b) Crea tus propios modelos. Lo difícil en ocasiones es hacer todo de cero cada vez. La rutina estética ayuda a aprender, facilita la clase. Además te hace más llevadera la preparación. En este sentido, toca trabajar y seleccionar lo mejor para cada una de las partes. Tener esos modelos de referencia es importante. (c) Cada clase, una presentación. Y no una por cada tema. Evidentemente esto requiere organizar el nombre que les das. Yo pongo año, asignatura, tema y sesión. (d) Elemento coordinador. Hacerla con otras personas ayuda mucho, porque le da visiones diferentes. No todo tiene que caer en manos de una única persona. Pero tenerlas ayuda a la coordinación entre distintas personas en torno a un tipo de clase sobre el que varios reflexionan. (e) Vinculaciones. Las presentaciones como Powerpoint permiten que sólo se pase de diapositiva pulsando en determinados lugares, y eso te lleva a donde quieras. Dicho de otro modo, se convierten partes de la presentación en enlaces a otras diapositivas. Esto, para los ejercicios, puede ser muy importante. Pero también da facilidades para crear puzles, estudiar imágenes, comprender mapas, sacar información de textos, estudiar palabras. Lleva su tiempo, pero es una gran inversión. (f) No leer en clase las presentaciones. No sólo porque no les gusta a los alumnos, que ya es importante, sino por no hacer de todo esto el centro. (g) Usarlas como portafolio de profesor. Donde se guardan recursos, actividades, temas, personajes, mapas, biografías… (h) Dinamicidad. Por último, destaco que el ritmo de las presentaciones debe ser grande. Una diapositiva durante mucho tiempo, salvo que sea algo sobre lo que estamos haciendo otra cosa, no tiene ningún sentido pedagógido. Dale vida a tus clases.

Espero que pueda ayudar a alguien y aprender de vuestras experiencias. Seguimos en diálogo @josefer_juan.