Diez razones por las que NO deberías utilizar teléfonos móviles en tu clase

El uso de los teléfonos móviles en el aula es un tema muy controvertido que tiene grandes defensores y grandes detractores.

Es muy habitual encontrar que nuestros alumnos, cuando entran en el aula, ya no solo traen sus libros de texto, los cuadernos, los bolis… sino que también traen su propio teléfono y eso ha generado que muchos centros se planteen estudiar de qué manera pueden hacer uso de estos dispositivos dentro del aula.

Aunque soy un firme defensor del uso de los dispositivos móviles en el aula, me permito ofreceros diez razones por las que creo que no deberíais utilizar los móviles en el aula. Me encantará discutir con todos vosotros en los comentarios de este blog cada una de estas razones.

[1] Puede ser ilegal en tu Comunidad Autónoma. En muchas comunidades autónomas el uso del teléfono móvil está prohibido por la legislación vigente. Esta legislación se apoya en conceptos como la convivencia y el respeto a la intimidad de los alumnos. Frente a estas legislaciones, cualquier problema derivado del uso de los teléfonos móviles va a recaer directamente sobre el docente.

[2] Son pequeños y son incómodos de utilizar durante largos períodos de tiempo. Las pantallas y los teclados de los teléfonos móviles no se han pensado para ser utilizados por los niños y mucho menos para ser utilizados durante períodos de tiempo muy extensos. El uso continuado en el aula de estos dispositivos puede conllevar problemas como cefaleas, malas posturas, daños a la vista, etc.

[3] No son dispositivos pensados para la producción. Uno de los mayores paradigmas a los que nos enfrentamos en la escuela actual es conseguir que nuestros alumnos pasen de ser receptores de contenidos a creadores de los mismos. Los teléfonos móviles no son dispositivos pensados para la creación de contenido (con excepción del vídeo, la imagen y el audio), y sí principalmente para la recepción del mismo.

[4] Te costará encontrar homogeneidad en los dispositivos. Si te animas a utilizar este tipo de dispositivos, encontrarás que algunos alumnos podrán utilizar móviles con sistema operativo Android, o Windows 8, o iOS, o Blackberry… Es posible, muy posible, que intentar proponer actividades con dispositivos tan diferentes te suponga un esfuerzo muy elevado, o que las actividades que puedas proponer sean muy sencillas para intentar que todos tus alumnos puedan hacer uso de sus dispositivos en el aula.

[5] No todos tus alumnos tienen porqué ser diestros en el uso de este tipo de dispositivos. El falso mito del nativo digital nos hace pensar que los alumnos, por el mero hecho de haber nacido en una época altamente tecnificada, son personas altamente cualificadas en el uso de los teléfonos móviles. Si quieres introducirlos en el aula, prepárate para hacer primero una muy buena formación para que tus alumnos los utilicen correctamente, y recuerda lo que hablamos en el punto anterior: esta formación tendrá que adaptarse a los sistemas operativos de los dispositivos que traigan tus alumnos al aula.

[6] Como decía en el punto 3, los teléfonos móviles son unos dispositivos excepcionales a la hora de capturar imágenes, audio y vídeo. Fuera de lo puramente pedagógico este uso dentro de los centros educativos puede plantearte muchos problemas. ¿Serás capaz de conseguir que tus alumnos dejen los teléfonos móviles en el aula durante los recreos, durante los períodos entre clases, y a la entrada y salida del horario escolar?

[7] La conexión a internet puede no ser la que necesitas. El uso de los teléfonos móviles está ampliamente condicionado a la existencia de una red de datos lo suficientemente potente como para soportar la conexión de todos los dispositivos que se encuentren en el aula. Si no dispones de esa conexión, es posible que necesites que cada uno de tus alumnos disponga de su propia conexión disponiendo de una tarifa de datos que puede ser costosa para las familias.

[8] Falta de filtros a la hora de acceder al contenido. Desgraciadamente, en el acceso de tus alumnos a la red es posible que tengan acceso a contenidos que no sean apropiados para su edad. En los teléfonos móviles (no tanto en las tabletas o en los ordenadores), es mucho más complicado establecer filtros y controlar el acceso a esos contenidos.

[9] Dificultad en la evaluación. A no ser que emplees algún software comercial que te permita evaluar el trabajo de tus alumnos, es posible que te resulte muy complicado y costoso (en tiempo y esfuerzo) evaluar el trabajo que tus alumnos han desarrollado con los móviles.

[10] Si has leído y estás de acuerdo con los puntos 2 a 9, no estás preparado para usar estos dispositivos en tu aula. Si muy por el contrario, te encuentras en una Comunidad Autónoma en la que el uso de los móviles en el aula no está prohibido, y además no estás de acuerdo (al igual que yo) con los puntos 2 a 9, deberías plantearte y dar el paso para utilizar este tipo de tecnología que, te puedo asegurar, puede ofrecerte grandes ventajas en el aprendizaje de tus alumnos.

Te recomiendo, si te encuentras en el segundo de los casos del punto 10, que leas a Lisa Nielsen, que conozcas experiencias innovadoras como las que nos presentan en este fabuloso artículo en EducaConTIC, que te atrevas a experimentar con alguna de las 40 experiencias que nos cuentan en el siguiente artículo de ExamTime, que sigas y busques consejo en docentes que cuentan en redes sociales sus experiencias con el uso de la tecnología móvil, que participes en proyectos colaborativos entre docentes, que asistas a congresos especializados donde podrás inspirarte para utilizar la tecnología en tu clase, etc.

Espero que hayas ido leyendo esta entrada y que, conforme hayas avanzado en ella, te hayas ido horrorizando pensando que no son sino excusas para no dar el salto hacia el uso de la tecnología que quieres dar. Si eres de este tipo de docentes, tienes mi enhorabuena y todo mi apoyo, en lo que te pueda ayudar, a través de este blog y de mis perfiles en redes sociales. ¡Suerte y atrévete a utilizar la tecnología en tu aula!

@javigoto

2 Comentarios

  1. O sea, que no estamos preparados para asumir retos tan importantes que nos ofrece el avance de la ciencia y la tecnología.

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