10 horas en el colegio es una locura

Mi sobrina ha empezado este curso el “cole de los mayores”. Ahora lleva uniforme, una mochila donde guardar sus cosas y su “seño” se llama Sonia. Hasta aquí, lo normal para una niña de tres años.

El titular de este artículo fue lo primero que retumbó en mi cabeza cuando me enteré de su horario: Aitana entra en el colegio a las 7.00 h. y sale a las 17.00 h. 10 horas de su día las pasa allí. Desayuna, tiene clases, juega en el recreo, otra vez tiene clases, come, hace actividades extraescolares y por fin, se va para casa. Si tenemos en cuenta que se tiene que bañar, cenar y acostarse pronto porque al día siguiente se tiene que madrugar… Mi pregunta es: ¿por qué una niña de tres años pasa en el colegio diez horas seguidas?

La primera respuesta es rápida: porque sus padres trabajan. Parece evidente, pero debemos ir más allá, ya que creo que entre todos hemos convertido inconscientemente nuestra sociedad en una carrera por ser los mejores en todo donde hipotecamos nuestro tiempo (y el que no es nuestro). Vivimos en una sociedad de prisas, de estrés, de querer más, de “yo, mi, me, conmigo y todo para mí”. Una sociedad egoísta, sin valores, consumista, ambigua. Y podría seguir así varios folios sin equivocarme en una sola palabra… lamentablemente.

Lo que más me preocupa es que hayamos trasladado nuestro caos a los más pequeños. Seamos sinceros: ¿qué sentiríamos si nos dijesen que debemos pasar diez horas seguidas en nuestro trabajo? Insisto: pasar diez horas en el colegio es una locura. Porque el colegio es otra cosa (o al menos lo era). Es un lugar de sueños, de sorpresas, de emociones, de aventuras. Un lugar donde los niños pueden compartir, aprender, jugar, sonreír. Un lugar al que van por las mañanas y vuelven a casa con ganas de contarles a sus familias lo bien que lo han pasado. El colegio no es un “guarda niños” ni una solución para mi jornada laboral.

Tirando de tópicos: ¿es que nadie piensa en los niños? ¿Nadie se ha dado cuenta que pasan más tiempo en el colegio que en sus casas? Y el día que lleve deberes… Creo que esta situación puede agravar el problema del fracaso escolar en nuestro país ya que pasar tanto tiempo en el centro y desde edades tan tempranas puede pasarles factura cuando llegan a la adolescencia apareciendo el famoso “no quiero ir al colegio”.

Por favor, no dejemos que la sociedad devore a nuestros hijos. Seamos sensatos y busquemos la manera de que ir al colegio no sea una obligación, sino una devoción. Pero empecemos por el principio, reflexionando interiormente y mirando a los ojos de los niños. En su mirada, a veces, está la solución.

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