10 esculturas que dialogan con la ciudad

Esculturas y ciudades. Hay esculturas que marcan una ciudad hasta el punto de quedar mutuamente identificadas. Digamos, por mencionar unos pocos ejemplos, la Estatua de la Libertad en Nueva York, la Sirenita de Copenhague, el Manekken Pis de Bruselas o el Cristo de Río de Janeiro. En este post queremos presentar diez ejemplos de esculturas que dialogan con otras tantas ciudades españolas.

‘Puppy’, en Bilbao

Empezamos con el perro “Puppy”, en Bilbao. Sin duda, estamos ante un ejemplo muy claro de cómo una iniciativa artístico-cultural (en este caso, el museo Guggenheim) puede configurar tanto una ciudad, llegando incluso a modificar su fisonomía e identidad. “Puppy” es obra de Jeff Koons, un escultor pop que pasa por ser el artista más caro de la historia, aunque con frecuencia su obra suscita opiniones enfrentadas. Es una obra monumental, con quince toneladas de peso, y está hecha de acero inoxidable, sustrato y plantas en floración. Tiene nada menos que 40.000 agujeros para otras tantas flores (begonias, alegrías, lobelias, petunias y claveles en primavera-verano; pensamientos en otoño-invierno). Es decir, una escultura viva, como la ciudad.

‘La armonía del silencio’, en San Sebastián

Siguiendo en el País Vasco, nos vamos a San Sebastián, para acercarnos a una escultura mucho menos conocida. Se trata de ‘La armonía del sonido’, del  irlandés Maximilian Pelzmann. La escultura podría analizarse y valorarse en sí misma, pero cobra una fuerza y un sentido especial por su ubicación: en una falsa ventana de la fachada de la Basílica de Santa María del Coro, en la Parte Vieja donostiarra, lo cual ha hecho aumentar su interés y una cierta polémica. En todo caso, tenemos en esta obra una evocación de la tradición musical de la ciudad y de las ondas del mar, que también la identifican. Arte ondulante y evocador.

‘Elogio del horizonte’, en Gijón

Quizá algún lector hubiera esperado que, al referirnos a Donostia-San Sebastián, hubiéramos seleccionado “El Peine del  viento”. Motivos no le faltan, pero no todo puede ser tan obvio en un post como éste. Además, hemos reservado a Eduardo Chillida para conectarlo con Gijón. Concretamente, con la majestuosa escultura “Elogio del horizonte”. 500 toneladas de hormigón armado en una elipse abierta y liviana que parece abrazar el mundo para hacer de él un hogar, con el cielo como techo. Es, por supuesto, una escultura que se escucha.

”Los cubos de la memoria”, en Llanes

Sin salir de Asturias ni de los escultores vascos, nos vamos a “Los cubos de la memoria”, de Agustín Ibarrola en Llanes (Asturias). Se trata de una obra interdiscipinar, a caballo entre la escultura, la pintura, el paisajismo y la intervención urbanística: si se prefiere, “una creación total”. En todo caso, estos cubos evocan o suscitan varias memorias, al menos la del arte, la del artista y la del territorio.

‘El viajero’, en Oviedo

La verdad es que no resulta fácil seleccionar una única escultura para esta ciudad, Oviedo, que presenta un catálogo de más de 130 esculturas urbanas, hasta el punto de ofrecer varios itinerarios  para descubrir Oviedo a través de sus esculturas. Hemos seleccionado la obra de Eduardo Úrculo “El regreso de Williams B. Arrensberg”, aunque la mayoría de la gente la conoce como “El viajero”. Resulta curioso, porque la ciudad ofrece muchas esculturas  “anónimas” –como las vendedoras, la guisandera, la torera, le lechera, el violinista o el mendigo con perros– pero ésta, que sí tiene nombre, se rebautiza desde el anonimato.Y tampoco resulta fácil saber mucho de este Arrensberg, el escritor norteamericano amigo de Úrculo; de hecho, la información más completa parece encontrarse en retazos recopilados, de manera casi tangencial, a partir de un texto de JJ Armas Marcelo, en los comentarios de este blog.

‘Monumento a la Constitución de 1978’, en Madrid

Se trata en enorme cubo de hormigón blanco, diseñado por el arquitecto Miguel Ángel Ruiz Larrea, que buscaba con esta imagen evocar la Constitución como una gran cavidad maternal, que permite entregar a los ciudadanos la fecundidad de un nuevo espíritu de convivencia. Aunque a la mayoría de las personas que contemplan la obra les resulta totalmente desconocida, en los años 80 hubo cierta polémica al respecto, como puede verse en estos artículos del propio autor y del arquitecto Miguel Fisac. En todo caso, podemos quedarnos con un doble sentido en la escultura: el cubo grande (marco constitucional) aloja otro cubo pequeño y vacío (la dimensión personal); y, por otro lado, las escalinatas simbolizan el movimiento de ascensión, de lucha y  de mejora constante que está detrás del proyecto constitucional y de la democracia en cuanto tal.

‘Mujer y pájaro’, en Barcelona

Ya que hablamos de esculturas polémicas, podríamos recordar una reciente a propósito de la famosa estatua de Colón en Barcelona. Pero nos vamos a centrar en otra escultura, que algunos analistas dicen que comparte con el monumento a Colón el ser una escultura-hito. Hablamos de “Mujer y pájaro”, escultura de Joan Miró, que fue instalada en el verano de 1982 en el parque del Escorxador (ahora llamado de Joan Miró) y que desde entonces se ha ido convirtiendo en uno de los símbolos icónicos de la ciudad condal. Es, sin duda, una obra de madurez del autor, que estaba a punto de cumplir los 90 años.

‘El huevo de Colón’, en Sevilla

Ahora sí vamos con Colón. Aunque en realidad la escultura se titula “El nacimiento de un nuevo hombre” y es un gigantesco bronce, obra del artista georgiano Zurab Tsereteli. Desde 1995 está situada en el Parque de San Jerónimo de Sevilla y, veinte años después, el autor realizó una réplica en San Juan de Puerto Rico, vinculando así de manera explícita los dos continentes. El asunto es, en nuestra opinión, si el descubrimiento, encubrimiento, conquista, colonización o evangelización, dieron lugar al nacimiento de un ser humano nuevo y renovado, o si seguimos con los mismos tics de siempre.

‘Monumento a los raqueros’, en Santander

Esta escultura situada en el Paseo Marítimo de Santander, nos abre a otro tipo de obras, más populares y cotidianas, más costumbristas y menos monumentales, que desarrollaremos en otro post de esta misma serie. Los “raqueros” eran niños pobres que, a finales del siglo XIX,  se ganaban la vida merodeando en torno al puerto de Santander y lanzándose al agua para recoger algunas monedillas que les lanzaban los curiosos. El conjunto escultórico representa a cuatro de ellos; fue realizada en bronce en 2007, por el artista José Cobo Calderón.

‘Los diálogos de la curva’, en Toledo

La última obra seleccionada para este post supone, de nuevo, un cierto requiebro. Porque más que una escultura fija en una ciudad, queremos traer aquí una intervención de arte urbano, de carácter temporal. Concretamente, retomamos la exposición que Jorge Palacios realizó en Toledo, en 2011, con el título “Los diálogos de la curva”.  Obras en madera para una ciudad muy dominada por la piedra. Como dijo Anatxu Zabalbeascoa, es una escultura que habla “al cerebro desde el tacto y desde la relación que establece con el espacio y el tiempo. Pero sus esculturas también dialogan con el tacto a través del ojo. Se palpan con la vista.”

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